3.- Día de Fiesta
Posted by fernando | Filed under Cuentos
Plaza Borda, parque central, Taxco de Alarcon, Guerrero
Aquí, globos de colores maravillosos, bolas de jabón en el aire de Taxco con su Iglesia maravillosa, producto de la tierra preñada de plata. Gente en frenético deambular. Plaza henchida de dignidad, marco de amores, riñas y recuerdos: tan llena de historia y de gente.
Ilusión de niños y adultos, sana diversión familiar, lugar ideal para la relajación, la observación y la distracción. Integración de las fuerzas más poderosas del ser, centro plural de reunión, convivio de personajes, origen de: emotivas historias, variadas ilusiones, intensas pasiones y multitud de placeres.
Continuará…
Tags: alarcon, borda, burbujas, globo, guerrero, parroquia, plaza, prisca, spratling, taxco
2.- Disfrutando el trabajo
Posted by fernando | Filed under Cuentos
Mercado en el centro de Tepoztlán
Yo, espectador, gozo mirando como desarrolla su actividad, recreo la vista con sus productos, admiro esa cristalina sonrisa; pequeño negocio con multitud de colores, henchido de exquisitas fragancias, todos ellos, frutos de ricas experiencias sensoriales; deleite inmenso, con solo observar, un humilde acto de comercio.
Regocijo por las fiestas del Santo del barrio, flor centenaria de profundo color amarillo y esencia de frescura, que derramada en todos los rincones del mercado, nos incorporan a esa tan esperada celebración de todos los años.
Curiosidad infantil, que nos mira, con esa sencilla profundidad, de la niñez; cándido niño, que contribuyes a la felicidad del momento con tu ayuda en la diaria faena; tu sola presencia enriquece la escena, y nos haces meditar sobre la vanidad tan propia de las madres.
Tags: barrios, fiesta, fragancias, indigena, mercado, México, morelos, náhuatl, niño, semilla, tepozteco, tepoztlan
1.- Rumbo a casa
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Iglesia de barrio en Tepoztlán, Morelos
Una tarde de agosto; después de una ardua jornada de trabajo, rutina diaria, nuestro personaje, hace una pausa en su camino; intercambia unas palabras con un conocido, en una de las calles mojadas de Tepoztlán, continua con su andar y pasa enfrente de una vieja iglesia del poblado.
La vieja iglesia del fondo, muestra el paso del tiempo, tanto como el campesino con su caminar pausado y sin prisa; paso del tiempo que ha curtido sus manos, su cuerpo y su espíritu,pero que no ha alterado su capacidad de ser amable y su caminar orgulloso.
Iglesia; llena de historia. Campesino; lleno de sabiduría. Iglesia; construida con manos campesinas. Campesino; soporte de la casa de dios. Iglesia; casa de los pobres. Campesino; imagen de coraje, esfuerzo, dedicación y amor a su tierra.
La observación de la obra del hombre y la obra de Dios, su fusión en la escena, con un atardecer sombrío y triste, nos proporciona un sentimiento de melancolía y reflexión sobre las raíces culturales y religiosas de nuestro país.
Tags: aztca, campesino, central, colonia, cultura, dios, iglesia, madre, México, meztitla, morelos, náhuatl, reflexion, religion, sierra, tepoztlan
Sur de Chile
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“Mas allá de la nada”
Mi esposa y yo nos fuimos de viaje a Temuco ¿Donde? -”A más allá de la nada”- como dijo mi amigo chileno, a Temuco, en el Sur de Chile.
Todo empezó hace cuatro años, cuando Rody y yo, coincidimos en un evento al que aisitieron distintas personalidades, relacionadas con la protección del medio ambiente, durante el cual se limpió el fondo del lago de Chapultepec.
Recuerdo que él traía una pequeña cámara digital y yo, una más grande y aparatosa, eso basto para que iniciáramos una conversación y una bonita amistad. Se intereso sobre las fotos que yo tenía sobre la naturaleza y yo, sobre su trabajo en el Programa de las Naciones Unidas para Protección del Medio Ambiente (PNUMA).
Rody me introdujo a los vinos chilenos, la historia de su vida como periodista en Chile, el derrocamiento del Presidente Allende, la dictadura del General Pinochet y su vida en el exilio en Canadá, así como, su entusiasmo por la naturaleza. Me invito hace dos años a su fundo.
Ansioso de conocer desde hace algún tiempo las obras de Dios y no, las de los hombres, aceptamos su reiterada invitación y partimos a Temuco. Salimos en un vuelo de la noche y por la mañana ya estábamos en Santiago. Pasaríamos ese día y la mañana del siguiente, en esta bella, limpia y ordenada ciudad, antes de partir al Sur, a Temuco, capital de la zona Araucana; a unos 700 kilómetros de distancia de Santiago. Nos tomaría una hora de vuelo llegar a nuestro destino.
En nuestro primer día de viaje, mi esposa, citadina por nacimiento y costumbre, quería conocer la Ciudad, paseamos por Santiago y almorzamos en el mercado central, muy limpio y con mesas muy bien puestas, con manteles blancos y rojos, más de un restaurante, que de un mercado.
Al día siguiente recorrimos la parte más cercana de los Andes. Subimos por la carretera de las 40 curvas a Valle Dorado y otros centros de esquí. Nunca había circulado por una carretera tan tortuosa y con curvas tan cerradas, pendientes muy imponentes y aún sin la nieve de invierno, pudimos verla en sus altas cimas, en pleno fin del verano.
Yo había volado en varias ocasiones por encima de esta majestuosa cordillera pero nunca había estado sobre ella. Quería tener un contacto personal, respirar su aire y admirar sus paisajes, aunque fuera, en sus orillas. Me impresionó la carretera, pero más, la cantidad de ciclistas de todas las edades que peleaban por subir por sus curvas y muy inclinadas pendientes ¡Por Dios! Que resistencia y coraje.
Volamos por la tarde a Temuco, llegamos a un aeropuerto muy pequeño en donde Rody y su esposa nos esperaban. Después de los obligados saludos, partimos al aparta hotel. Posteriormente fuimos a un restaurante típico en el que nos ofrecieron una cena de bienvenida, sirvieron sopaipillas (riquísimos panecillos fritos) y curanto (un cocido en los que mezclan carnes, mariscos y pescados). Durante la cena nos dieron una hoja con las actividades que tendríamos durante nuestra estancia. Misma formalidad que observe en mi primera visita a Alemania, lo cual me sorprendió.
Iniciamos al día siguiente nuestra excursión por la zona de los lagos del sur, visitamos Villarrica y Pujon, en las costas del lago Villarrica a 40 km de la frontera con Argentina.

Toda la región esta llena de termas (pozas de aguas termales) debido a su actividad volcánica, nos tomamos un buen baño en una terma junto a un bello rió en Pujon y después nos dirigimos a Valdivia, un pequeño puerto entre los ríos Valdivia y Calle Calle, muy próximo al Pacifico Sur. Nos encontramos una sorpresa muy agradable, gozamos de los imponentes leones marinos retozando y asoleándose junto al mercado de la población.
Mercado pintoresco a la orilla del muelle, los comerciantes nos ofrecieron los productos del mar de la región: erizos, róbalos, corvina, merluza, congrio, choritos, algas marinas y muchos otros productos desconocidos por nosotros.
Al día siguiente continuamos el viaje, ya era la hora de tomar la autorruta 5, la carretera Panamericana, con rumbo sur, distinguimos a la distancia un volcán perfectamente cónico con su pico nevado.
El volcán Ornelas de 2652 metros de altura ofrece distintas vistas panorámicas, se puede distinguir a varios kilómetros de distancia, nos encontrábamos en una zona plana entre el mar y la cordillera de los Andes. No me cansaba de verlo, afortunadamente no estaba manejando y pude disfrutarlo a plenitud. Se encuentra al lado de los lagos Llanquihue al Poniente y Todos los Santos al Oriente. Al cabo de una hora llegamos a un pueblo en las orillas del lago Llanquihue, Frutillar. Nombre proveniente de frutilla, a las bayas los españoles les nombraron frutilla por su pequeñas dimensiones y de ahí, el nombre. Las vistas del lago y el volcán fueron impresionantes.
Población pequeña de origen y arquitectura alemana, nos causa una grata impresión. La inmigración alemana en la Araucania data de mediados del siglo XIX y fue muy importante, de ahí la formalidad chilena. Degustamos una cerveza hecha por los descendientes de alemanes en la zona y unas excelentes papas fritas, después, partimos a Puerto Mont, queríamos almorzar en el puerto.
Llegamos a las tres de la tarde y nos dirigimos inmediatamente a su pintoresco mercado de artesanías y comida, pequeños restaurantes en cabañas de madera, para proteger a los comensales del frió viento: nos dieron la bienvenida. Escogimos uno de ellos e iniciamos la degustación de un gratificante y caliente caldo de mariscos, posteriormente nos sirvieron locos, cholos y congrio. Todos estos mariscos y pescados reanimaron nuestro cuerpo y los paisajes nuestro espíritu.
Al terminar el almuerzo seguimos nuestro recorrido hacia la gran Isla de Chiloé, Isla formidable a la que solo podíamos acceder por un ferry que abordamos en Pargua. Cruzamos el canal de Chacao acompañados de las bellas vistas panorámicas de la costa continental, así como de la cercana Chiloé. Pese a ser finales de verano, se sentía un frió como cualquier día de invierno en México, pasados treinta minutos de travesía, llegamos a Chacao, en donde un bello atardecer y los gansos de cuello negro, nos dieron la bienvenida.
En camino a Ancud, decidimos tomar un camino secundario de terracería que nos llevará al pueblo de pescadores de Caulin. Famoso lugar por sus ostras, no pudimos evitar la tentación. Pedimos dos órdenes de 15 ostras para saborearlas con un delicado vino blanco. De postre, el dueño del restaurante, nos explicó la leyenda del Trauco, autor de los embarazos de las mujeres solteras y la leyenda de Tentenvilu y Caicaivilu, la lucha de estas Divinidades, Agua y Tierra, explica la formación geológica del archipiélago.
¡Que manjar, valió la pena! No solo la comida sino además los increíbles paisajes de la pequeña bahía, encajada en el Canal de Chacao. Nos recibieron la marea baja y una multitud de aves en la playa buscando su cena, había pequeños barcos pesqueros por doquier con sus característicos colores rojos y amarillos, suavemente acomodados en la arena, como si estuvieran tomando una siesta.
Ya en Ancud, cansados pero muy contentos con nuestras experiencias del día, nos hospedamos en el Hotel Panamericana, ubicado arriba del Fuerte San Antonio, fortaleza española en este lugar estratégico. Ofrecía una gran protección a todas las embarcaciones por encontrarse en el pequeño Golfo de Quetalmahue. Estábamos muy cerca del Pacifico Sur pero no lo habíamos visto.
Al día siguiente, decidimos dirigirnos a los islotes de Punuhuil, en la costa poniente de la isla, lugar apartado en donde los pingüinos Magallánicos y de Humboldt pasan el verano. Algunos emigran de Alaska ¡Sí Alaska! Otros de la Antártica. Tomamos unos caminos de terraceria y perdimos la desviación que nos llevaría a este lugar, proseguimos varios kilómetros fascinados por los paisajes hasta que llegamos a la bahía de Cocoque. ¡Ahora sí! El océano Pacifico Sur con su enorme magnificencia y furia, bordeamos la costa hasta que llegamos a un camino muy estrecho y nos encontramos a un campesino, se transportaba en su carreta jalada por dos fornidos bueyes, nos confirmo lo que ya sabíamos, nos habíamos pasado varios kilómetros y tendríamos que regresar.
Nos tomó una hora llegar a nuestro destino, nadie estaba disgustado, los caminos transitados nos habían cautivado con su belleza y llegar a la playa en donde se encuentran estos islotes fue espectacular. Después de comer unas empanadas de queso y carne, con su buena botella de vino, nos embarcamos para visitar a estas dulces criaturas, su gracia al caminar, su pequeño tamaño, sus nidos cavados en la tierra y las muchas aves que los acompañaban, fueron un verdadero espectáculo.
De regreso nos dirigimos a Puerto Mont, ya tarde, encontramos lugar en un hotel muy tradicional, el Gran Hotel Vicente en la Costanera, con una esplendida vista de bahía. Cenamos y nos fuimos a acostar rendidos por las experiencias del día.
En el desayuno buffet muy a la europea ¡Como extrañaba los excelentes desayunos mexicanos¡ Deliberamos sobre nuestro siguiente destino, San Carlos de Bariloche en Argentina, teníamos que ir en autobús, con el auto que teníamos alquilado no podíamos cruzar la frontera, o Chiloé continental, por facilidad y ahorro de tiempo, decidimos ir a la isla y termas de Llancahue, no podíamos ir más al sur ya que los ferries de Puerto Mont a Chaiten estaban descontinuados, se habían acabado las vacaciones de verano, y no se podía ir por carretera: esta no ha sido terminada.
Para llegar a las termas, teníamos que tomar la carretera que circunda la bahía de Puerto Mont, seguir por un camino de terracería y llegar a La Arena, cruzar por ferrie a Puelche y de ahí continuar por unos sesenta kilómetros más en terracería a Hornopiren, pequeño poblado a las faldas del volcán que esta en el parque nacional, amboscon el mismo nombre del poblado. Cuenta con una vista extraordinaria a dos canales y a las montañas circunvecinas.
Nos embarcarnos en un pequeño bote de madera, propiedad del hotel, que nos llevaría por uno de los canales a la isla, única forma de acceso. Lo abordamos junto con otros pasajeros. Navegando en el canal pudimos apreciar mucho mejor el volcán y otros picos nevados que lo circundaban, admiramos una colonia de focas y leones marinos que perezosamente retozaban al lado izquierdo y en una hora aproximadamente, llegamos al muelle de la isla. Ocupada por doscientos habitantes, siendo su principal actividad económica el hotel y sus aguas termales, las mismas que salían directamente del mar. Pequeño hotel construido de madera, austero, habitaciones pequeñas con medio baño. Incluía las tres comidas, no había otra opción y resultó ser muy buena.
Nos instalamos e inmediatamente nos dispusimos a darnos un buen baño, en las piscinas de agua caliente (42 grados centigrados). Nos acogieron confortablemente, acompañados de la bella vista de las otras islas y al fondo, el Golfo de Ancud. Vimos un bello velero que descansaba en las tranquilas aguas, a la vista de su dueño; piloto de aeronaves, retirado, dedicado al descanso y disfrutando de sus recorridos solitarios por esta bella zona.
En el desayuno buffet muy a la europea ¡Como extrañaba los excelentes desayunos mexicanos¡ Deliberamos sobre nuestro siguiente destino, San Carlos de Bariloche en Argentina, teníamos que ir en autobús ya que en el auto que teníamos alquilado no podíamos cruzar la frontera, o Chiloé continental, por facilidad y ahorro de tiempo, decidimos ir a la isla y termas de Llancahue ubicadas en una isla, no podíamos ir más al sur ya que los ferries de Puerto Mont a Chaiten estaban descontinuados, se habían acabado las vacaciones de verano, y no se podía ir por carretera, ya que esta no ha sido terminada.
Para llegar a las termas, teníamos que tomar la carretera que circunda la bahía de Puerto Mont, seguir por un camino de terracería y llegar a La Arena, cruzar por ferrie a Puelche y de ahí continuar por unos sesenta kilómetros más en terracería a Hornopiren., pequeño poblado a las faldas del volcán próximo al parque que tienen los mismos nombres que el poblado, y que cuenta con una vista extraordinaria a dos canales y a las montañas circunvecinas.
Nos embarcarnos en un pequeño bote de madera, propiedad del hotel, que nos llevaría por uno de los canales a la isla, única forma de acceso, lo abordamos junto con otros pasajeros. Navegando en el canal pudimos apreciar mucho mejor el volcán y otros picos nevados que lo circundaban, admiramos una colonia de focas y leones marinos que perezosamente retozaban al lado izquierdo del canal y en una hora aproximadamente llegamos la muelle de la isla ocupada por doscientas habitantes siendo su principal actividad económica el hotel y sus aguas termales, las mismas que salían directamente del mar.
Pequeño hotel construido de madera, austero, habitaciones pequeñas con medio baño y con los tres alimentos incluidos, no había otra opción y resultó ser muy buena. Nos instalamos e inmediatamente nos dispusimos a darnos un buen baño en las piscinas de aguas termales (42 grados centigrados). Nos acogieron confortablemente, acompañados de la bella vista de las otras islas y al fondo el Golfo de Ancud. Un bello velero descansaba en las tranquilas aguas, a la vista de su dueño; piloto de aeronaves, retirado, dedicado al descanso y disfrutando de sus solitarios recorridos por esta bella zona.
Después de un merecido descanso, nos embarcamos nuevamente al terminar el almuerzo para proseguir nuestro viaje de regreso, nuestro destino, Puerto Varas a 17 kilómetros de Puerto Mont, población de influencia alemana ubicada en la ribera sur poniente del Lago Llanquihue.
Nos hospedamos en un hotel pequeño junto a la plaza del puerto y con una muy buena vista del lago y del volcán Osorno. Durante la cena decidimos hacer el circuito del lago y al final tomar la autorruta 5 rumbo al norte, a Temuco.
Nos levantamos temprano e iniciamos nuestro recorrido por una carretera secundaria muy bien mantenida, al fondo la permanente vista del volcán Osorno y ocasionalmente a nuestra derecha, veíamos el volcán Calbuco.
Llegamos al Parque Nacional Pérez Rosales y admiramos los saltos del rió Petrohue que inicia en el lago de Todos los Santos y desemboca en el Estuario de Reinconcawi que fluye al Golfo de Ancud. Tomé hermosas fotografías de los saltos de agua y estando muy cerca del volcán Osorno tuve la oportunidad de tomarlo en todo su esplendor.

Proseguimos hacia Puerto Octay por un camino de terraceria excelente, teniendo excelentes vistas del lago por lo elevado del terreno, 36 kilómetros estupendos junto al lago y después 37 kilómetros de carretera pavimentada secundaria entre los fundos agrícolas y ganaderos hasta tomar la carretera Panamericana.
Descansamos esa noche en Temuco, cenamos en casa de la mamá de Rody, nos ofreció un delicioso pastel de choclo, plato típico muy bien elaborado, al día siguiente nos dirigimos al fundo de Rody a 100 kilómetros de distancia hacia el norte, muy cerca de Curacautin y del volcán Llaima. Desgraciadamente este volcán había hecho erupción en enero de este año y no tenia la nieve acostumbrada en su cima pero pudimos observar unos pocos glaciares que todavía permanecían en su lugar.
En el medio de varias montañas, muy cerca de un riachuelo y un rió disfrutamos de la calma y belleza de los alrededores y sus noches. Tuvimos la oportunidad de fascinarnos con un cielo increíblemente estrellado, podíamos observar cientos de estrellas y por primera vez en mi vida varias galaxias. Quedamos cautivados de su esplendor, pese al frió de la noche.
Hicimos vida de campo durante días y al tercero como despedida, nos fuimos a conocer la reserva Nacional Malalcahuello a 27 Kilómetros de distancia, bosques, valles y montañas sin faltar un volcán ¡Sí! El volcán Lonquimay de 2890 metros de altura.
Como en muchos otros lugares que visitamos, el lugar ofrece la oportunidad de realizar actividades de senderismo, cabalgatas, Canopi, ski y por supuesto, muchas fotografías de sus bellezas.
Rematamos la visita en las termas del mismo nombre, nos recibió una alberca de aguas termales con 37 grados, bajo un techo precioso de finas maderas, con cascadas, jacussi, y dos piscinas con aguas de 7 grados y 43 grados para los más osados. Hotel resort con excelentes habitaciones, cabañas y bungalows y un buen restaurante en donde almorzamos.
Regresamos a Temuco y nos preparamos para el regreso al día siguiente. Rody y su esposa nos ofrecieron un almuerzo de despedida en el mercado central de Temuco en donde tuvimos oportunidad de comer nuevamente unas excelentes sopaipillas, curanto y unas almejas al queso parmesano ¡Exquisitas!
En la tarde, satisfechos y tristes por la despedida pero aún recordando los bellos días que pasamos en estas tierras lejanas, tomamos nuestro vuelo de Lan Chile hacia Santiago para tomar nuestra conexión a Lima, Perú.
Tags: Ancud, Andes, Araucana, canal de Chacao, Caulin, Chapultepec, Chile, Chiloé, Frutillar, leyenda de Tentenvilu y Caicaivilu, Llanquihue, Ornelas, osborne, Pargua, Puerto Mont, Pujon, Santiago, Temuco, Todos los Santos, Trauco, Villarrica, volcan
Valentina y la gota de agua Saltarina
Posted by fernando | Filed under Cuentos
El cuento consta de 32 fotografias, Saltarina, una gota de agua, le explica a una bebe de meses, lo que representa en su vida, el agua y su ciclo.
¡Hola Valentina!
¿Qué… quién soy yo?
Yo soy la gota de agua, Saltarina.
¡Sí…! Yo me llamo Saltarina y danzo como una bailarina.
Tú me has visto muchas veces, me has sentido y me has tocado.
Posiblemente no te acuerdas de mí porque me has visto acompañada de otras muchas gotas y de una inmensidad de sustancias que se han disuelto en mí.
¿Tomaste tu leche?
¡Sí… verdad!
Pues ahí en tu leche ¡Yo estaba! Como lo estoy en las dos terceras partes de tu cuerpo.
Tú me has tomado en tu leche, en tu té, en las medicinas que te ha dado tu mamá.
¡OH…! Son tantas y tantas las cosas en las que me has ingerido que me es difícil enumerarlas.
Seguramente no se te ha olvidado el mango y sus almíbares.
¡Pues sí! Estoy en esta fruta que te gusta tanto.
También me encuentras en la deliciosa manzana ¡Uuhhhmm! El plátano ¡Guuuaaauuu! La papaya y… ¡Todas las frutas!
Ahora no puedes comer todas las frutas, pero ya verás, cuando seas grande cómo te van a gustar.
¡Sí! La sandía tan abundante en agua, ¡Uuummmm, qué rico!
¡Valentina! ¿Qué te sucede…? ¿Qué te hice…? ¿Por qué lloras?
Ya no llores, no ves que me afliges y además me estas expulsando de tu cuerpo con tus lágrimas.
Yo quiero ser tu amiga, tu compañera, quiero que me conozcas, que me aprecies…
Yo a ti te quiero mucho, yo soy parte de tu vida ¡Yo soy vida!
Hay quienes dicen que soy insípida, puede ser que tengan razón, pero yo no me siento así. Yo me siento tan llena de vida y energía como tú.
¡Sí! Así como tú, gateas, exploras, tocas y chupas con tu preciosa boquita todo lo que te encuentras, yo también soy una gran exploradora.
¿No me crees?
Dirige tus ojitos hacia la ventana y observa el bello cielo azul, ahí están las nubes ¿Las viste? ¡No! Presta más atención, levanta la vista y entonces…
¡Claro… ya las viste! ¡Sí! Esas grandes bolas blancas son las nubes y ahí yo viajo por todo el mundo, conociendo maravillosos lugares.
¿Están muy lejos? ¿Cómo me subo?
Sigues sin creerme ¡Verdad!

Cuando hace mucho calor, me relajo y empiezo a transformarme, sí, así como tu te evolucionas sin darte cuenta todos los días…

En unos pocos minutos mis compañeras y yo, nos evaporamos y subimos…
y subimos…hasta que millones de nosotras conformamos una nube.
¡Se ve difícil pero es muy fácil! Valentina, bueno tienes que ser una gota de agua y estar en el océano, entonces esperas a que salga el sol.
Entonces con la fuerza de los vientos empezamos a movernos, planeamos como las aves y en poco tiempo llegamos a las grandes montañas.
¡Uuurrhhh! ¡Qué frío! ¡Estamos tan alto! ¡Qué miedo! Estoy ganando peso, ya no soy tan ligera como el vapor.
¡Cielos! Me estoy condensando y empiezo a caer en forma de lluvia…
¡Qué rico! Estoy en las ramas de los árboles, en su balanceo empiezo a bailar, siento la libertad del bosque y la frescura de la vegetación.
Mis hermanas han creado hermosos charcos.
Algunas otras se han ido en los riachuelos.
Las demás se han filtrado en la tierra para formar los mantos acuíferos.
Muchas de nosotras nos convertimos en agua potable para que tú, tus papitos, tus familiares y todos los seres humanos nos beban.

Somos millones y millones de gotas de agua que al recorrer la tierra formamos los ríos, cascadas, lagunas y lagos.
Sin nosotras no podrían vivir por mucho tiempo y aunque no lo creas, somos uno de tus mayores tesoros.
Somos muy amigas y nos gusta la diversión como a ti, todas trabajamos para que tengas bonitos jardines, albercas y fuentes.
Finalmente todas regresamos a los océanos,
ahí nos divertimos con las olas del mar.
Sí somos incoloras, pero con la ayuda de nuestras amigas las algas adquirimos preciosos colores verde esmeralda…
Y cuando seas más grande, me podrás ver desde lo alto de un risco, vestida de azul intenso como el lapislázuli.
No me olvides Valentina…
¡Te quiere tu amiga de toda la vida, Saltarina!
Tags: acapulco, agua, arena, arroyos, biberon, frutas, lagos, lagrima, lagunas, liquido, llanto, mango, mar, medicamentos, nieta, nubes, playa, popocatepetl, rios, sandia, volcan
Supositorio
Posted by fernando | Filed under Anécdota
(Preparación farmacéutica en pasta, de forma cónica u ovoide, que se introduce en el… recto)
El señor, Toma el teléfono y marca la extensión numero 25: es la extensión de la cocina.
-Bueno… ¿Anastasia?, me comunica por favor con Benito- le dice. -No puedo Señor, salio a comprar unas cosas- responde Anastasia. –Bueno, entonces comuníqueme con Zeferino- agrega. -Si señor, con todo gusto. - Le contesta.
El señor espera unos segundos… - ¿Qué se le ofrece? Señor - le dice Zeferino. -Por favor, dígale a Don francisco Valencia, que si me puede ayudar a ponerme un supositorio- Le solicita.- ¡Si señor!- Le contesta…
El señor cuelga el teléfono y empieza a reírse; Martin de los Montes, dueño y señor de la Casa Cumbres, haciendo este tipo de bromas. Se le ocurrió la idea, unos momentos antes, mientras se duchaba, pensó, en lo difícil que le seria cumplir con las disposiciones del medico, si no fuera capaz de aplicarse los supositorios, recetados por el medico.
-¿Qué te dijo el señor?- Le pregunta Anastasia a Zeferino.
-Quiere que Don Francisco, le haga un favor- Contesto parcamente Zeferino.
Zeferino; marinero de formación; hombre reservado; educado y respetuoso; esposo de Anastasia; conserje de Casa Cumbres; atlético; guerrerense de sangre caliente; no acababa de asimilar la solicitud del señor. ¿Qué le diría a Don francisco? ¿Cómo se lo diría? ¿Se enojaría? Era la primera vez que lo veía en la casa, no atinaba las palabras, finalmente, opto por utilizar las mismas palabras que el señor, pero omitiendo, la ultima parte, “a ponerme un supositorio”. ¡Sí, eso era lo apropiado! Respiro profundo y se dirigió a la habitación de Don Francisco.
Toca con sus nudillos, la puerta de madera, se escuchan tres sonidos sordos, no hay respuesta. Trata de escuchar algún sonido o detectar un movimiento, no escucha nada y decide esperar unos minutos. Vuelve a tocar tres veces y oye el ruido de unos pasos que se dirigen a la puerta. Don francisco, mojado y enrollado en una toalla, abre un poco la puerta y por el resquicio, ve a Zeferino y pregunta -¿Qué sucede?-, Zeferino, nervioso, no encuentra las palabras…
Don francisco, inquieto, insiste -¿Pasa algo?- Zeferino apurado le dice -¡El señor necesita ayuda!- Don Francisco se asusta y pregunta, ¿Se puso mal nuevamente? ¿esta sangrando mucho? ¿hay que ir al hospital? Zeferino espantado, contesta -¡No se, quiere que le ayude a ponerse un supositorio…!
Don Francisco cambia de cara, ahora su rostro, muestra una mueca de incredulidad. -¡Que le ayude a ponerse un supositorio! ¿estas seguro?- Le dice, Zeferino asiente con la cabeza. -Mejor me voy a vestir, bajare a su cuarto y averiguaré que sucede, en un minuto bajo- Murmura en voz alta, Don Francisco.
Don Francisco Valencia; hombre formal, cincuenta y cinco años de edad, profesional, cazador, pianista, de buenas maneras, conoció a su amigo: Martin de los Montes, cuando estudiaban la carrera de Filosofía y Letras en la Universidad. Tenían más de treinta años de conocerse pero nunca habían tenido una relación muy cercana. De hecho era la primera vez, que salían juntos, de viaje. Mientras se vestía, se seguía preguntando, que estaba pasando…
El día anterior, Don Martin, se había puesto mal. Repentinamente, empezó a sangrar, por la herida que tenía, desde hace dos años, muy cerca del recto. Anastasia, Zeferino y Benito, estaban alarmados; anastasia bajo a limpiar el piso de la habitación, había manchas de sangre por doquier; el Señor, pidió toallas de papel, en varias ocasiones; los tres hablaban en voz baja de la condición del señor. -¿Tendremos que regresarnos?- Preguntaba Benito. -¿Seria prudente llevarlo al Hospital Naval?- Cuestionaba Zeferino. -¡No! Mejor esperamos a que él nos diga que hacer- decía Anastasia.
Don francisco se entero a las seis de la tarde del suceso, no tenia mayor Información, no se atrevía a preguntar. Don Francisco había quedado de reunirse con Don Martin, a las ocho de la noche para ir a cenar; a las siete cuarenta y cinco, Benito, informa a Don Francisco, que el Señor se sentía mal y no podía ir a cenar con él.
-Me pidió el Señor que lo disculpe, él no va a poder ir, pero yo lo puedo llevar a cenar a donde usted quiera- Le dice Benito a Don Francisco. –Esta bien pero antes de irnos, quiero hablar con él- Dice Don Francisco. – No hay problema, Don Francisco se encuentra bien, esta durmiendo- Responde Benito un poco renuente. -¡Yo no voy a ningún lugar, si no lo veo antes! Insiste Don Francisco. -¡Esta bien, no se altere, lo puede ver antes de irnos!- Contesta Benito.
Benito; chofer y asistente de Don Martin de los Montes, hombre joven de cuarenta y cuatro años, con cuerpo atlético, muy cuidadoso, respetuoso, trabajaba hacia veinte y seis años con Don Martin, hombre de sus confianzas, lo conocía muy bien; escrupuloso con sus obligaciones, sabia lo que decía, también sabía que Don Martin, no era un hombre desidioso, si se tenían que regresar a la Ciudad de México, lo harían sin vacilar, igual, si tenían que ir al hospital. Don Martin siempre estaba en contacto con él, por teléfono, cualquier necesidad que tuviera, le hablaría de inmediato.
Don Francisco, baja a la recamara de Don Martin, la puerta no tiene seguro y entra, reinaba la oscuridad y ningún sonido perturbaba el ambiente (sin prender la luz) en una recamara desconocida, camina lentamente a tientas. Al dar tres pasos, escucha la respiración pausada de Don Martin que lo guían a su cama. Don Martin se encuentra profundamente dormido, no se mueve, Don Francisco titubea, al fin se decide y se acerca a la cama. Toma la mano de Don Martin.
-¡Quien es?- susurra, Don Martin, ¡Abre los ojos pero no distingue nada! ¡Esta agitado y con cara de susto! Fija la mirada en Don Francisco que también esta espantado, -Soy yo, Paco, -¡Solo quiero saber como te sientes!- Dice Don Francisco. -¡De la fregada!- Contesta Don Martin, -¿Se te ofrece algo?- Don Francisco emite un susurro, se ha dado cuenta que saco de su profundo sueño a Don Martin y esta molesto, -No gracias, mañana desayunamos a las nueve para ir al golf (motivo principal del viaje)- Dice Don Martin y prosigue, - Le hable al doctor y me dio varias medicinas, las estoy tomando; espero sentirme bien mañana, no te preocupes, cualquier cosa yo les hablo, ¡Diviértanse, buenas noches!
Don Francisco y Benito abordan el automóvil y se van a cenar… Al día siguiente, Don Martin se sienta en la mesa para tomar su desayuno. Tiene otro semblante, se siente mejor y esta dispuesto a jugar golf. Don Francisco llega tarde, se había acostado a las doce de la noche, desvelado, pensaba que su amigo, no se levantaría temprano. Al verlo, se siente reconfortado y contento. Desayunan y parten al campo de juego.
En el club de golf y durante el juego, Don Martin le cuenta los pormenores de su caso a Don Francisco; la infección, el absceso, la hospitalización, el problema latente de la fístula, etcétera, también le hizo una confesión: “Cuando me sucedió este incidente, decidí quitarme el bigote, treinta y cinco años, lo use; no podía usar bigote con las toallas sanitarias”. Terminaron de jugar, almorzaron y regresaron a Casa Cumbres, sin incidente.
… Llegamos del golf a las tres de la tarde, todo estaba bien, se fue a su cuarto a las cuatro para tomar una siesta -¿Qué habrá pasado?- Don Francisco, se preguntaba. Ya vestido y dispuesto a salir de emergencia, a la ciudad o al hospital, todavía incrédulo de la solicitud, se encamina al cuarto de Don Martin.
Zeferino, a la distancia, observaba. Estaba muy atento, tampoco sabía que pasaba con certeza. La reacción de incredulidad de Don Francisco, lo había desconcertado. No entendía. ¿Habría captado bien el mensaje? ¿Habría cometido un error? Se cuestionaba, una y otra vez.
Don Francisco, esta vez toca a la puerta, a la distancia se escucha la voz de Don Martin aprobando la entrada. Al llegar a la cama, Don Francisco encuentra a Don Martin acostado y muy calmado. Me dijo tu empleado que requieres de mi ayuda. Estaba serio y expectante.- ¿Qué te sucede? ¿Te sientes mal? ¡Me espantaron! ¡Que problema hay con un supositorio?- Pregunta insistentemente Don Francisco. – Tranquilo, no pasa nada, en efecto, solicite tu ayuda y veo que no tienes inconveniente- contesta Don Martin. Hay una cierta tensión e intranquilidad de Don Francisco, -¡Que hay que hacer!- Señala. Pues nada hombre, esto es muy sencillo… Dice Don Martin.
¡Ya quita la cara de espanto! ¡No pasa nada! ¡Es solo una broma! ¡Ja ja ja…! Le dice Don Martin. Con cara de pocos amigos, Don Francisco le dice; ¡Ahora si que me la hiciste, eres un ca…! ¡El susto que me dio Zeferino! ¡Pensé que te había pasado algo! ¡Lo del supositorio, es lo de menos! Grita Don Francisco. Estando Don Francisco, ya más tranquilo, Don Martin le cuenta de su ocurrencia, le pide que no diga nada, quiere Don Martin seguir con la broma. Quiere ver las reacciones de Anastasia y especialmente de Zeferino. – Bueno, nos vemos al rato para cenar- dice Don Martin.
A las ocho de la noche, Don Martin sube a la cocina, mientras hace los preparativos para la cena junto con Anastasia, le pregunta -¿Qué le dijo Zeferino de mi llamada? ¿Qué cara tenia? ¿Se tardo mucho en ir con Don Francisco? Anastasia no sabia nada. Solo percibió que Zeferino estaba un poco tenso, no le dijo, ni una palabra. No había nada que hacer con Anastasia, Don Martin decide contarle su ocurrencia. Anastasia se ríe y siguen trabajando, a los pocos minutos llega Benito y Don Martin lo entera del episodio, quiere saber más sobre las reacciones iniciales de Don Francisco y Zeferino.
Don Francisco y Don Martin cenan unas perdices en adobo, de muy buen tamaño y excelente sabor; plato preparado en honor del cazador, Don Francisco. La cena transcurre en un ambiente de cordialidad y amistad, no hay recelos ni malos sentimientos por la broma. De hecho, no se toca el tema. Terminan temprano y se retiran los dos a sus habitaciones, al día siguiente, viajaran de regreso a la Ciudad de México.
Desayuno tempranero, todos listos, abordan el automóvil, Don Francisco en la parte trasera, Don Martin en el asiento derecho delantero y Benito al volante. Se despiden de Anastasia y Zeferino. Don Martin se siente bien e inicia una conversación sobre Acapulco, los cambios que ha tenido a través de los años, lo bueno, lo malo, etcétera. Benito pide la palabra, quiere informarle de sus investigaciones sobre la broma.
-Adelante- confirma Don Martin. Benito empieza su relato: “Ayer, cuando ustedes se retiraron a sus habitaciones, yo estaba en la cocina, terminando de cenar; le pregunte a Anastasia sobre el incidente de la tarde, no me quiso decir nada pero sonrió, en ese momento llego Zeferino e inicie la conversación sobre el supositorio.
-¡Zeferino, prepárate para mañana, vas a tener que ayudar al señor! Dice Benito. -¡Estas loco, yo en que le puedo ayudar!- Responde Zeferino. Anastasia, muy seria, esta atenta a la conversación. -¡Le tendrás que ayudar con el supositorio!- Insiste Benito. -¡Yo, porque?- Dice Zeferino. –Es muy sencillo, yo ya le ayude, al Señor, con dos supositorios, Don Francisco le ayudo hoy, con otro supositorio, tu conoces al Señor, no le gusta comer en el mismo lugar, dos veces seguidas, por lo tanto, seguramente te pedirá, mañana, que le ayudes antes de irnos- Agrega Benito. Anastasia se esta aguantando la risa pero no dice nada.
Zeferino se mueve de un lugar a otro, esta nervioso. Benito, vuelve al ataque. – Zeferino, no te hagas problema, es muy sencillo, tomas el supositorio, le quitas la envoltura, con delicadeza y la punta de dos dedos, lo tomas del lado mas pequeño, lo diriges a su posición y le das un pequeño empujón, el resto que lo haga el Señor.- ¡No te vayas a pasar y le metas un dedo! ¡Hay que tener cuidado! Zeferino muy aturdido y nervioso, dice -¡Yo jamás haré eso, aunque me despidan! ¡ No es mi trabajo! Benito insiste – Si no lo haces tú, ¿Quién? ¿Anastasia? Zeferino respira profundo y dice - ¡Si, que lo haga ella! Esta sumamente ansioso y nervioso, no deja de moverse.
-¡Serás capaz de dejar que tu esposa ocupe tu lugar!- Dice Benito. -¡No lo puedo creer!- Agrega Benito. -¡Primero las mujeres y los niños, yo temprano, estaré haciendo mis quehaceres y no quiero saber de supositorios, yo no se nada de eso!- Zeferino, muy molesto, termino la conversación.
Anastasia se reía muy discretamente pero seguramente, le cobraría la factura, a Zeferino. Me fui a dormir; hoy en la mañana, me enteré que Zeferino había dormido en la terraza, ahora tenía dos preocupaciones; la posible llamada y la ira de Anastasia, además de la perdida del desayuno”.
Don francisco y Don Martin, no dejaban de reírse, pasaron Chilpancingo y continuaban riéndose del episodio. Los tres se preguntaban; sí, a esa hora, Zeferino, ya sabría la verdad. ¡Pobre Zeferino, termino castigado y hambriento! ¡Afortunadamente, no hubo llamada!
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