LA CASA DE GALLETAS DE JENGIBRE (FOTOGRAFÍAS)

Normalmente lo que escribo viene acompañado de algunas fotografías, no lo nabía podido hacer en este cuento, debido a que Zeferina se llevo la casa, su madre me la trajo por unos momentos y aunque estaba deteriorada, hice unas tomas, espero que les gusten.

¡¡¡¡UNA MUY FELIZ NAVIDAD PARA TODOS USTEDES!!!!

La casa de galletas de jengibre y Zeferina, último día.

Zeferina se fue con su papá y tardaría varios días en visitar a sus abuelos, don Martin impaciente, decidió terminar la decoración. Utilizó las gomitas y los caramelos para adornar la puerta y las ventanas de la casa. Con la pasta de azúcar blanca, simulo estalactitas de nieve que caían del techo. Tomo unas gomas verdes con forma de arbustos y los puso en el frente de la casa. Con los caramelos rojos y blancos con sabor a menta construyo el camino de la casa.

Decoro el árbol de la navidad con la pasta verde de azúcar y le puso los dulces multicolores redondos simulando esferas navideñas. Planto más arbustos y los distribuyo en el jardín que rodeaba la casa. Finalmente uso la pasta blanca y el coco rayado para simular la nieve que lucía como un manto blanco alrededor de la casa.

Una vez terminada la casa, don Martin, muy satisfecho, se la mostró a la abuela y le suplicó que nadie se fuera a comer la casa, se la había hecho a Zeferina y le gustaría ver cuando ella, le diera la primera mordida…

Don Martin recibió una llamada telefónica de Zeferina: Estaba en la casa de los abuelos y muy feliz con la casa de jengibre terminada. Quería llevarla a la escuela, don Martin le hizo ver que si se la llevaba a la escuela, muy posiblemente se la comerían sus compañeros. Zeferina reaccionó, le dijo que la casa era para ella y que ella se la comería solita, pero se la enseñaría a su maestra. Don Martin comprendió el entusiasmo de Zeferina, pese a que no le había tomado fotografías y que, quería ver a su nieta darle las primeras mordidas a la casa, aceptó que se llevará la casa. La felicidad e ilusión de Zeferina, bien valían la pena.

Al día siguiente, don Martin tomo el teléfono y llamo a Zeferina. Le contesta su hija y le dice que su nieta estaba feliz y la llama para que hable con su abuelo. Don Martin, oye la vocecita alegre que le dice que esta muy contenta y que a su maestra le había gustado mucho la casa. También le confiesa que le había dado tres mordidas a la casa y que estaba deliciosa…

Don Martin escucha por el auricular una rafaga de besos que le enviaba Zeferina, al terminar Zeferina le dijo que lo quería mucho y le mando una segunda ráfaga de besos. Don Martin muy emocionado le reitera su amor, se despiden y antes de colgar, le manda un beso.

Don Martin estaba eufórico y muy feliz, fue la primera vez que Zeferina le decía que lo quería. Definitivamente esta navidad estaba siendo muy diferente para Don Martin.

La casa de galletas de jengibre y Zeferina, segundo día.

Pasaron tres días y Zeferina llego a visitar a sus abuelos. Don Martin inmediatamente la invito a que terminaran de decorar la casa, Zeferina muy entusiasmada se sentó en la silla empezó a deleitarse con las gomitas y los dulces, mientras don Martin preparaba las pastas de azúcar para pegar los adornos. Comenzaron pegando unos dulces de colores de forma circular en el techo, añadieron unas gomitas bañadas con azúcar. Siguieron con las paredes hasta que Zeferina, satisfecha de tanto dulce y cansada de tanto pegar, se retiro a jugar a la sala.

Don Martin siguió unos momentos más y opto por dejar los acabados para la siguiente visita. la casa se empezaba a ver muy atractiva y Zeferina trató de darle una mordida, don Martin la convenció para que esperara a que estuviera terminada y poco convencida, Zeferina aceptó.

La casa de galletas de jengibre y Zeferina, primer día.

Don Martin de los Montes paso muchos años sin poder disfrutar de las fiestas navideñas, debido a su trabajo y sus múltiples compromisos de negocios. Este año, mucho más relajado y tranquilo, decidió irse de compras. Compró adornos para mejorar un pueblo alpino que tenía en su casa. una pista de patines, un tren, un Santa Clos y otros adornos. También compró, dulces propios de la época: mazapanes, almendras, nueces, chocolates, frutas secas, etcétera. En una gran tienda de autoservicio, atrajo su atención, una casa de galletas de jengibre con muchos dulces y caramelos para adornarla. ¡Quedo impactado! La compró de inmediato, se le había cumplido un deseo de muchos años.

En el camino a su casa, le dijo a su esposa, muy entusiasmado que armaría la casa con su nieta Zeferina (5 años).  Los visitaría uno o dos días después, al llegar a su hogar, cuidadosamente desempacó todas las compras y guardó cuidadosamente su tesoro. Con mucha ilusión esperaría a que su nieta, los visitará, para empezar a armar su casa navideña.

Pasaron tras días, para que llegará, Zeferina. Don Martin le enseño la caja con la casa y la invitó a que le ayudará a armar la casa. Zeferina de inmediato aceptó, desempacaron los distintos componentes del paquete. Las paredes y el techo de la casa, el árbol de navidad, la base para la estructura, los pegamentos a base de azúcar, los caramelos de distintos colores, las gomitas y el coco rallado. Zeferina muy diligente ayudo con mucho cuidado a su abuelo, que acomodo todo muy ordenadamente en una mesa.

Don Martin tuvo que contener los impulsos de Zeferina, estaba muy entusiasmada: quería abrir todos los paquetes e iniciar la construcción. Don Martin la convenció para que se calmara y pudieran leer las instrucciones. Finalmente, la impaciencia de Zeferina ganó y empezaron a abrir los paquetes con las galletas de jengibre que daría forma a la casa, Zeferina trató de darle un mordisco a una de la paredes pero Don Martin reaccionó rápidamente y se lo impidió (tuvo que darle el muñeco de galleta para tranquilizar su antojo).

Con las manos, Don Martin calentó el azúcar blanca que servía de pegamento para que se suavizará y corto la punta con unas tijeras. Tanto Don Martin como Zeferina, estaban listos para empezar. Pusieron las cuatro paredes, untadas previamente con el pegamento y las colocaron, Zeferina insistía en  controlar la dulla con el dulce, Don Martin se la dio y ella con su manita, se lo iba pasando. Don Martin estaba muy entretenido en la construcción, Zeferina estaba muy entretenida comiéndose el pegamento. Cuando Don Martin le reclama, la falta de suministro, Zeferina muy sonriente y feliz, le dijo a Don Martin, que no se lo pasaba porque estaba delicioso. Se inició una negociación: una parte para don Martin y una para Zeferina. Se tardaron una hora y dejaron que secara bien el pegamento de la casa y el árbol. Continuarían en la siguiente visita…

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